- Las metas son el combustible del ser humano.
- Las metas de un modelo a seguir son sutilmente “impuestas” al individuo y con el tiempo la persona llega a convencerse de que esas metas son lo que quiere en la vida.
El vació, el stress y la depresión surgen cuando la gran mayoría de tus metas no están alineadas con quién eres tú en realidad.

En el mundo actual la mayoría de las personas se encuentran persiguiendo metas e intentando alcanzarlas. Esto no tiene nada de malo. Las metas son el combustible del ser humano. El problema comienza cuando esa “persecución” de metas se vuelve un proceso desgastante que genera stress a la persona y que lejos de disfrutar el concretar las metas, se vuelve algo mecánico con una satisfacción muy pasajera si acaso. Las personas a la larga comienzan a experimentar un vacío interior que no se puede llenar con nada. Algunas parece que corren tras las metas, para inmediatamente después de alcanzaras ir por otras, sin ánimos, sin el placer y el gozo de haber concretado lo que deseaban inicialmente, y el ciclo vuelve a empezar. Lograr metas se vueve un sinsentido que más o menos mantiene a flote a la persona.
En muchos casos esto obedece a que las metas trazadas no corresponden en el fondo a los sueños y los deseos reales del individuo. Por ello un primer filtro para el proceso de trazar, concretar y DISFRUTAR el logro de las metas es preguntarte si son realmente tuyas. Parece una pregunta evidente: “Si no fuera una meta propia, no iría por ella”. Mmmm, lo evidente y lo obvio puede ser lo más subjetivo. Simplemente mira a tu alrededor, tus compañeros de trabajo, tus amigos, tu familia, etc. Muchos de ellos van tras las metas que les contaron desde la infancia y puede sonar algo parecido a esto:
“Estudia para que seas alguien en la vida, trabaja y asciende en la jerarquía organizacional y así ganes más dinero, compra una casa grande, adquiere un auto, aparatos y demás que reflejen tu status, forma una familia ejemplar, … etc.”
No hay nada de malo en lograr todas estas metas y más, siempre y cuando sea el deseo propio de quien lo quiere conseguir. En nuestra cultura ese es el modelo socialmente impuesto, el condicionamiento es muy fuerte. Comenzó desde la infancia en el hogar, reforzado por los maestros en la escuela, los medios de comunicación, etc. Las metas de un modelo a seguir son sutilmente “impuestas” al individuo y con el tiempo la persona llega a convencerse de que esas metas son lo que quiere en la vida. ¿Será?

Si esto fuera cierto en el mundo occidental no habrían los niveles de stress y depresión que existen en la actualidad pues trabajar para alcanzar metas propias produce placer, gozo y satisfacción. Si realmente las metas fueran propias no habría quejas de muchas personas porque otra vez es lunes y hay que ir a trabajar. El trabajo que desempeña sería percibido como un placer y no como algo que se debe de hacer. Cuando se hace lo que se decide y se ama hacer el tiempo pasa volando, hablamos de ello constantemente, incluso se vive como un juego el cual quisiéramos no terminara. De ahí que muchas personas sólo están esperando que llegue el fin de semana para hacer lo que realmente prefieren. Un claro ejemplo de ésto era un ex jefe que me decía los viernes al salir de la oficina:
- Muchas personas en el afán de no traicionar a su sistema familiar, a su grupo, prefieren seguir las metas ajenas que “se esperan” de ellos.
- La traición se lleva a cabo de cualquier manera, pues se han traicionado a sí mismos.
Pueden llegar a ser perfectos logradores, generar buenos ingresos, tener un cierto status social y aún así vivir en constante frustración, stress, depresión y vacío.

Parece de lo más normal y lo aceptamos como parte de que así es la vida. Es cierto, a veces hay que trabajar por metas que no son de nuestro agrado del todo y que son necesarias.
El vació, el stress y la depresión pueden surgir cuando la gran mayoría de esas metas no están alineadas con quién eres tú en realidad,
cuando la mayoría de esas metas no son tuyas en realidad. Muchas personas en ese afán de estudiar para ser “alguien en la vida”, no lo hicieron por convicción propia y por ende no disfrutan lo que hacen. Pueden llegar a ser perfectos logradores, generar buenos ingresos, tener un cierto status social y aún así vivir en constante frustración, stress, depresión y vacío. Por cierto éstos no son los estados naturales del ser humano y por cierto mi ex jefe vivía frustrado.
“Entonces si las metas por las que trabajo no son mías, ¿de quién son?”
La respuesta puede ser tan amplia como el número de personas y grupos a los que has estado al servicio de. Es decir, si por ejemplo desde la infancia tus padres te dijeron que tenías que ser médico, abogado, ingeniero o la profesión que fuera porque es la tradición familiar y es lo que se espera de ti, entonces se trata de las metas de tu sistema familiar. A menos que desde el libre albedrío hayas elegido y decidido dedicarte a esa profesión, son metas impuestas, y con el tiempo y la repetición constante, la lealtad al sistema familiar y el miedo a traicionarlo llegas a convencerte de que sí son tus metas. Puedes llegar a ser un profesional reconocido en esa área, gozar de abundancia económica, etc. A la larga el precio que se paga es muy alto por seguir las metas de alguien más. Y es aquí cuando la persona no ama lo que hace, no lo disfruta plenamente y se vive como un vacío, una tensión constante, un deber ser.
Recuerda que el éxito es el cúmulo de dicha de haber logrado lo que te has propuesto.
La persona puede sentir una satisfacción pasajera de sus logros, pero en el fondo hay algo que sabe y siente no está alineado con quién es en realidad, aún si llegara a ser un profesionista renombrado con abundancia económica y prestigio. Muchas personas en el afán de no traicionar a su sistema familiar, a su grupo, prefieren seguir las metas ajenas que “se esperan” de ellos.
La traición se lleva a cabo de cualquier manera, pues se han traicionado a sí mismos.
Eso puede llevar a sentir frustración, dolor, stress, ira, desánimo, etc. El sacrificar las metas propias por “darle gusto” a alguien más implica una especie de anestesia que la persona se aplica a sí misma para adormecer sus sueños y sus deseos de alcanzar las propias metas.
Es por ello que en nuestra cultura la depresión (enojo+tristeza+vacío) y el stress (estado de tensión constante en respuesta a una situación de riesgo o peligro) son el pan nuestro de cada día. Para millones de personas la vida se vuelve entonces un sinsentido a lo que hay que sobrevivir. Las metas propias se quedan en muchos casos como sueños ilusos que algún día, tal vez, se logren, o bien se entierran justificando que hay que tener los pies en la tierra y sus metas propias las etiquetan como sueños y fantasías infantiles. Mientras tanto deciden seguir las metas de alguien más y se cuentan historias para convencerse de que sí son suyas para seguir cumpliendo y ser aceptados.
Pasa un buen y feliz dia
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